Kuimba’e katupyry ño Quijote yvyunga
Asi, poco mas o menos, seria una traduccion al guarani del titulo del libro de Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha.
Del manchego se puede hablar en serio o en joda y en casi 100 idiomas a los que fue traducida la obra.
Si hablamos en serio y en español, podriamos decir que es una novela en la que un caballero de un lugar indeterminado de La Mancha, España, entregado con pasión desmedida a la lectura de libros de caballerías, perdió totalmente el juicio y, como los héroes medievales que tanto admiraba, sale a luchar contra todo mal. Para ello se forja una nueva identidad, se bautiza a sí mismo como don Quijote de la Mancha, da a su viejo caballo el nombre de Rocinante, recompone unas anticuadas armas heredadas de sus bisabuelos y elige a una dama a quien dedicar sus hazañas: Dulcinea del Toboso.
Pronto se da cuenta que no es caballero, por lo que siguiendo al pie de la letra las ceremonias descritas en sus libros, vela sus armas, persuade al un posadero de que le otorgue el espaldarazo, en una parodia de investidura caballeresca, recibe su título y reanuda su viaje con renovado entusiasmo sumando a la empresa a un escudero, Sancho Panza, que montado en un burro, viven innumerables aventuras, algunas jocosas, otras dramaticas y algunas tambien heroicas
Si hablamos mas distendidamente, yo dejaria que el poeta popular lunfardo Daniel Giribaldi nos cuente su vision de la cuestión en esta Milonga del Quijote
En La Mancha, en un lugar
del que acordarme no quiero
una vez un caballero
cofla, lungo y singular
a fuerza de morfetear
libros de caballería
llegó a revirarse un día
y ya colifa el cafaña
salió a imitar las hazañas
de los broli que leía.
Dispuesto pal entrevero
calzaba facón y lanza,
y un gordinflón Sancho Panza
le servía de ladero
tenía por parejero
un pingo bichoco y rante
sentido -pero de aguante-
puro huesos y montura
y el de la triste figura
lo bautizó: Rocinante...
Entre pachorriento y turro
Sancho Panza la vivía;
para él, que andaba en la vía,
lo del Quijote era un buen curro.
Al tranquito de su burro
siguió del otro el destino,
aconsejando con tino
al jockey de Rocinante,
como cuando en vez de un gigante
el loco chuceó un molino.
del lance con el molino
pero, firme en su destino,
llegó con Sancho al Toboso.
Tras morfar se le hizo el oso
a una cierva, con la idea
de que esa cantina rea
era un castillo, y la guacha
era más que una cervacha:
la bacana Dulcinea.
Así fue ese vagabundo:
rayao, pero sin malicia,
la cinchó por ver justicia y amor
de nuevo en el mundo.
Quiso la paz, fue profundo
el fruto de su sesera,
una verdad que a cualquiera
le da de prepo la salsa
cuando deschaba: ¡qué falsa,
la realidad! -si es fulera-.
Cansao de tanta aventura
jinete del desengaño
volvió el Quijote a su caño
y se murió de amargura.
De su lanza y su armadura,
de su flete y de su espada,
hoy por hoy, no queda nada
como no sea este poco:
la cordura de aquel loco
nos da alivió en la cinchada...
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